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El auge de los laboratorios compartidos impulsa la innovación en parques tecnológicos
Los “laboratorios compartidos” (también llamados “innovation hubs”, FabLabs, espacios de coworking tecnológico, makerspaces, etc.) son entornos diseñados para ofrecer —bajo un mismo techo— infraestructura de trabajo, herramientas especializadas (impresoras 3D, herramientas de prototipado, equipamiento técnico), espacios de oficina flexible, comunidad, redes de contacto, formación y colaboración.
Lejos de ser meros espacios de oficina, estos hubs combinan la capacidad de espacio físico con un ecosistema de soporte: consultoría, mentoring, colaboración entre empresas, intercambio de conocimiento y redes de cooperación.
Para muchas startups, pymes tecnológicas o emprendedores deep-tech, esto representa una oportunidad clave: poder desarrollar prototipos, productos, I +D o proyectos tecnológicos sin necesidad de asumir la inversión inicial que implicaría montar un taller propio.
El mercado global (y también nacional) de espacios compartidos sigue creciendo con fuerza. Por ejemplo, se estima que el mercado mundial de “shared-workspace” crecerá de unos 10.800 millones de dólares en 2023 hasta cerca de 37.000 millones en 2030.
En España, el uso de coworking y espacios similares está muy extendido: hay alrededor de 1.400 espacios de coworking registrados, lo que sitúa a España como uno de los países con mayor penetración en este tipo de entornos.
Este auge no solo responde a freelancers o teletrabajo: muchas empresas TIC, startups, y pymes tecnológicas utilizan estos espacios como base de operaciones. De hecho, se estima que aproximadamente un 20 % de los usuarios de coworkings trabajan en el sector TIC.
Por otro lado, los espacios de coworking/compartidos ofrecen ventajas económicas: varias empresas han logrado reducir sus costes operativos al utilizar estos espacios en lugar de oficinas propias.
Impacto real en innovación, negocios y modelos empresariales
Un estudio académico que analizó 75 organizaciones ubicadas en 17 espacios de coworking concluyó que existe una relación positiva entre colaboración interna en estos espacios y capacidad de innovación. Las empresas que participan activamente en redes de coworking tienden a desarrollar con mayor frecuencia nuevos modelos de negocio, productos o servicios innovadores.
Esto sugiere que los espacios compartidos no sólo sirven como lugar físico de trabajo, sino como catalizadores de creatividad, sinergias, nuevas ideas y colaboración efectiva. Para empresas jóvenes, esto puede marcar la diferencia entre estancamiento y crecimiento.
Además, la demanda creciente de modelos de trabajo flexible, híbrido y colaborativo —tras los cambios derivados de la pandemia y la transformación digital— ha reforzado la relevancia de estos espacios para startups, pymes y profesionales del sector tecnológico.
Por qué tiene sentido en parques tecnológicos — y qué pueden ganar dichos parques
Para parques tecnológicos como el vuestro, apostar por habilitar laboratorios compartidos y hubs de innovación colaborativa puede representar una estrategia clave de valor añadido. Las principales ventajas:
- Reducir barreras de entrada para emprendedores y startups: posibilita que puedan desarrollar proyectos tecnológicos sin necesidad de una gran inversión inicial en infraestructura.
- Fomentar la colaboración y la innovación abierta: facilita que empresas, investigadores y startups compartan recursos, conocimientos, contactos y colaboren en proyectos comunes.
- Atraer talento y proyectos innovadores: un parque con infraestructura técnica, comunidad, soporte y flexibilidad es más atractivo para startups deep-tech, empresas de I +D, spin-offs universitarias, etc.
- Mejorar la sostenibilidad económica de las empresas: menor coste operativo comparado con oficinas/talleres propios, especialmente en fases tempranas.
- Dinamizar el ecosistema local: la concentración de empresas tecnológicas, talento, innovación y recursos en un mismo espacio puede potenciar la economía del conocimiento local, favorecer el desarrollo de nuevas empresas y atraer inversión.
En definitiva: un parque tecnológico que ofrezca algo más que oficinas —un ecosistema integral de innovación— tiene una clara ventaja competitiva frente a otros.













